Breve historia de las bibliotecas. Parte 2

El próximo 24 de octubre se celebra el Día de las Bibliotecas, y este año el evento se enmarca bajo el lema ‘Bibliotecas, siempre a tu lado’, con el propósito de resaltar el importante rol que desempeñan las bibliotecas ofreciendo acceso a la cultura, al conocimiento y al entretenimiento en cualquier lugar y circunstancia.

De manera que en la publicación de hoy compartimos la segunda parte del postBreve historia de las bibliotecas. Parte I”. Nos centraremos por tanto en la historia de las bibliotecas desde la aparición de la imprenta hasta el siglo XX.

Las bibliotecas tras la invención de la imprenta

La invención de la imprenta de tipos móviles vino de la mano de Johannes Gutenberg entre 1445 y 1447 y tuvo lugar en Maguncia (Alemania), tal y como explicamos en esta entrada. El contexto socio-cultural era favorable al nacimiento de este invento: la sociedad necesitaba mecanismos de producción de textos más baratos y productivos. Además, en la mitad del siglo XV se vivía un ambiente de desarrollo mercantil, y las circunstancias de orden técnico asociadas a la tipografía eran favorables: la industria metalúrgica avanzaba, así como el desarrollo de la industria del papel.

Estas circunstancias ocasionaron el aumento de los índices de alfabetismo en toda Europa. Se incrementaron los libros de estudio, desde cartillas a obras de Derecho, Filosofía, Medicina y Teología. Además, con la imprenta se abaratan los costes de producción y, por tanto, de venta.

De esta manera surgen universidades con sus respectivas bibliotecas, como es el caso de la Universidad Alcalá de Henares, y bibliotecas privadas de aristócratas y monarcas.

Las bibliotecas en el Renacimiento

Durante el Renacimiento se dio una intensa vida urbana que favoreció el desarrollo de las letras y del libro. Al creciente interés por mejorar los conocimientos sobre la Antigüedad Clásica, es decir, del latín y del griego, se le suma la importancia que adquirieron los libros escritos en lenguas vernáculas, ya que su mensaje alcanzaba a más población.

En este momento florecen las bibliotecas privadas de grandes personalidades como la del duque de Urbino, la de los Medici y la Biblioteca Vaticana, pues consideraban que era el reflejo de la importancia cultural del propietario.

La figura del bibliotecario también cambia en este momento, ya no son únicamente los encargados de conservar los libros, ahora se trata de personas con gran bagaje cultural e intelectual, encargados también de la supervisión de los copistas, iluminadores y encuadernadores.

Destacan también las bibliotecas erigidas por príncipes y reyes, que incluso han podido llegar a nuestros días como bibliotecas nacionales, como es el caso de la francesa, la bávara y la austriaca. En nuestro país, destaca la biblioteca de El Escorial, creada en el siglo XVI por Felipe II, quien quiso transferir el símbolo de grandeza de la monarquía a este lugar, y en especial, a su biblioteca.

En este siglo también cabe mencionar la Biblioteca Colombina, creada por Hernando Colón, hijo de Cristóbal Colón, en Sevilla. Esta biblioteca llegó a alcanzar los 15.000 volúmenes, pues Colón fue un esmerado bibliófilo que recorrió Europa buscando libros de Ciencia e Historia, pero también libros con encuadernaciones raras, de caballerías, misterios,…

Biblioteca del Escorial. Fuente: Wikimedia Commons.

Las bibliotecas en el siglo XVII

En el siglo XVII la calidad del papel y de las impresiones empeoró, como consecuencia de la grave crisis económica y demográfica que se dio por las malas cosechas, las guerras de religión y la peste. Con la pérdida de unidad religiosa, decae la importancia del latín al mismo tiempo que prolifera la literatura en lenguas vernáculas.

En este periodo aparecen una serie de intelectuales que no están necesariamente relacionados con la docencia, personajes como Kepler, Bacon, Descartes, entre otros.

Aparecen, al mismo tiempo, las primeras bibliotecas públicas, creadas por personas altruistas junto a bibliotecarios profesionales al servicio de la cultura. Además, los reyes y nobles siguen aumentando sus bibliotecas, que albergaban gran simbología de patrimonio y prestigio.

Es importante en este sentido destacar que cambiaron las instalaciones de las bibliotecas, de los anteriores pupitres comenzaron a utilizarse las estanterías adosadas a las paredes, y los libros ya no estaban protegidos con cadenas sino con telas metálicas.

Algunas relevantes bibliotecas que aparecieron en este siglo son la de la Universidad de Oxford (1602), la biblioteca del College of Cambridge (Massachussets, 1638) y de Trinity Collage, en Dublín. También la Ambrosiana de Milán y la del cardenal Mazarino, que incluyeron la grata novedad de estar abiertas al público.

En España, la primera gran biblioteca privada que se formó en el siglo XVII fue la de don Diego Sarmiento de Acuña, primer conde de Gondomar. Adquirió muchos libros en el extranjero, por eso, al llegar a España fueron examinados por los tribunales de la Inquisición.

Las bibliotecas eclesiásticas decaen, sobre todo en la segunda mitad de siglo a causa de la crisis social y política que mencionábamos antes. Entre las bibliotecas de esta tipología, destaca la biblioteca del monasterio cisterciense de Poblet, cuyo fondo era riquísimo, y la biblioteca de Santa Creus, que albergaba una gran cantidad de manuscritos e incunables. Por su parte, las bibliotecas universitarias también flaquean a causa de las guerras interiores que se suceden y por las desfasadas enseñanzas que se ofertan.

Las bibliotecas en el siglo XVIII

Esta época trajo consigo el triunfo de la cultura secular frente a la iglesia, y de los libros en lengua vernácula frente al latín. Además, se inició la lectura pública, frente a la íntima, la privada, que había destacado anteriormente. Cabe resaltar la aparición de los clubs de lectura, surgidos en Inglaterra a comienzos de siglo. Junto a los clubs emergieron las bibliotecas sociales, que podían ser de dos tipos: de acción o de suscripción (en la primera la propiedad pertenecía a los accionistas, y en la segunda, el pago de una cuota daba derecho al uso).

Destacaron, asimismo, las bibliotecas de préstamo, donde editores y libreros, en locales adjuntos a sus librerías, permitían el préstamo de los libros o su lectura (sobre todo periódicos), por un pequeño pago anual o mensual.

Se crearon, asimismo, dos grandes bibliotecas nacionales, el British Museum y la Biblioteca Nacional de España. También la Biblioteca Nacional francesa se constituyó como tal al transformarse en ella la Biblioteca Real. En Italia había ocho bibliotecas nacionales, ya que el país estuvo fragmentado políticamente hasta mediados del siglo XIX. De ellas, tres fueron creadas en este siglo: la florentina, la napolitana y la milanesa.

Las bibliotecas en el siglo XIX

Este siglo constituye un punto de inflexión en el concepto de biblioteca: de ser considerada un archivo/museo orientado a la conservación y custodia, la biblioteca pasa a ser una institución pública.

Tras la Revolución Francesa se introducen las nuevas ideas liberales y democráticas, así, aumenta también la investigación científica y conlleva a un aumento de la producción de libros. De esta forma la biblioteca se irá constituyendo como la institución formativa, documental y cultural que es en la actualidad.

En el panorama anglosajón, concretamente en Reino Unido, surgen bibliotecas parroquiales (las primeras aparecen en el siglo XVIII), orientadas a complementar la formación religiosa de los ciudadanos. Después, aparecen las bibliotecas de los Mechanics Institutes, para mejorar la formación profesional de los trabajadores. La legislación acompañó e impulsó estas iniciativas con la ley de bibliotecas públicas de mitad de siglo. En Estados Unidos, por su parte, se dio un gran desarrollo de las bibliotecas tras la Guerra de Secesión, que había propiciado un desarrollo económico sin precedentes. Este gran impulso supuso un cambio radical en la función bibliotecaria.

Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Fuente: Wikimedia Commons.

A lo largo de este siglo se formaron otras bibliotecas nacionales como la Library of Congress, la Biblioteca Nacional de Rusia y la Biblioteca Nacional Víctor Manuel II.

En España, la Ley de Instrucción Pública de Moyano, de 1857, ya hablaba de promover la biblioteca pública, y que hubiera al menos una en cada provincia. Un año después, a través del Real Decreto de 1858 se creó la organización bibliotecaria española, y se creaba así un Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios.

Las bibliotecas en el siglo XX

Un aspecto esencial en este periodo con respecto a los anteriores es el paso de la conservación a la difusión: surgen servicios gratuitos, se atiende a grupos, se otorgan servicios especializados a todos los públicos,… En definitiva, se articula, a través de normativa específica, el funcionamiento de cada tipología bibliotecaria (aunque algunas todavía tienen largo camino por recorrer, caso de las bibliotecas escolares). De hecho, en este nuevo siglo hay una cantidad ingente de tipologías de bibliotecas: escolar, pública, especializada, universitaria,… Además,  aparecen múltiples asociaciones profesionales. Cabe destacar la ALA, la IFLA, y otras españolas como ANABAD o FESABID.

En las últimas décadas del siglo las TIC fueron el fenómeno que marcaron un antes y un después en el funcionamiento de las bibliotecas, pues impulsaron la transformación hacia lo digital, un cambio en el que todavía a día de hoy nos vemos inmersos. De ello han sido partícipes las asociaciones profesionales y organismos internacionales que han tratado de impulsar la cooperación bibliotecaria, y gracias a ello y a otros factores, se habla actualmente de “Biblioteca Virtual” o “Biblioteca Digital”.

De cualquier forma, las bibliotecas en el siglo pasado comenzaron su gran expansión, impulsada por la democratización de la cultura y la enseñanza, que va de la mano del aumento de la investigación científica y de la tecnología. Todavía hoy continúa esta expansión, y sobre todo, la adaptación al constante cambio en el que vivimos inmersos, pues como bien indica el lema del Día de las Bibliotecas que señalábamos al inicio de la entrada, “Bibliotecas, siempre a tu lado”, es la característica intrínseca que más retrata a estas instituciones: su capacidad de adaptación al cambio y adecuación a cualquier circunstancia.

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